Capítulo 2
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La muerte de su madre
Tramo 5 de 17
A la vuelta del paseo, cumplía mis tareas escolares, y el resto del día brincaba por el jardín, alrededor de mi amado padrecito. No sabía jugar a las muñecas; mi mayor diversión consistía en preparar tisanas con semillas y cortezas de árboles; cuando tomaban un bonito color, las ofrecía al punto a papá en una linda tacita, que daba verdaderamente deseos de saborear su contenido. Mi cariñoso padre dejaba en el acto su trabajo, y, sonriendo, hacía como si bebiera. También me gustaba cultivar flores, y me divertía levantando altarcitos en un hueco que por su suerte se encontraba listo. Corría a llamar a papá, quien por darme gusto se extasiaba ante mis maravillosos altares, admirando lo que consideraba yo como obra maestra. No acabaría nunca si quisiere referir los mil recuerdos de esta clase que conservo en mi memoria; jamás podré explicar todas las ternuras prodigadas por mi incomparable padre a su reinecita..
De gran felicidad eran para mí los días en que mi querido rey, como me gustaba llamarle, me llevaba a pescar. Algunas veces probaba yo también de hacerlo con mi cañita de pesca, pero más a menudo prefería sentarme algo retirada en el florido prado. Allí mis pensamientos se tornaban muy profundos, y sin saber lo que era meditar, se sumergía mi alma en verdadera oración. Escuchaba los ruidos lejanos y el murmullo del viento; a veces llegaban a mis oídos algunas notas perdidas de la música militar de la ciudad, llenando mi corazón de suave melancolía. Parecíame la tierra un lugar de destierro, y soñaba en el cielo.
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