Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 2 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Como no sabía jugar, me hubiera pasado la vida leyendo. Afortunadamente, tenía para que me guiaran en aquel terreno ángeles visibles, que me elegían los libros adecuados a mi edad, propios para recrearme y alimentar a la vez mi espíritu y mi corazón. No debía emplear en aquella distracción predilecta sino tiempo muy limitado, y a menudo era esto para mí ocasión de grandes sacrificios. Porque tan pronto como transcurría el tiempo prescrito, consideraba como un deber interrumpir inmediatamente la lectura, aunque fuera en mitad del pasaje más interesante.

Respecto a la impresión producida por aquellas lecturas, debo confesar que el leer ciertas narraciones caballerescas, no siempre comprendía lo positivo de la vida. Así es que, admirando las patrióticas acciones de las heroínas francesas, particularmente de la Venerable Juana de Arco, sentía gran deseo de imitarlas.

Recibí entonces una gracia que he considerado siempre como una de las mejores de mi vida, ya que en aquella edad no me veía favorecida, como lo estoy ahora, por las luces de lo alto.

Jesús me hizo comprender que la única gloria verdadera es la que ha de durar siempre; que para alcanzarla no es necesario llevar a cabo obras ostentosas, sino más bien esconderse a los ojos de los demás y aún a los de uno mismo, de suerte que la mano izquierda ignore lo que hace la derecha.

Pensando entonces que había nacido para la gloria y buscando el modo de alcanzarla, me fue revelado interiormente que mi gloria no aparecería jamás a los ojos de los mortales, sino que consistiría en llegar a ser santa.

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