Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 20 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Sentía un deseo muy grande de practicar la virtud, pero mi modo de practicarla era muy singular. No estaba acostumbrada a ser mi propia sirviente. Celina arreglaba nuestro cuarto, pues yo no me ocupaba en trabajos domésticos; pero cuando por agradar al Señor, se me ocurría disponer el lecho o, al anochecer, en ausencia de Celina, meter sus tiestos y macetas, lo hacía como digo únicamente por complacer a Nuestro Señor y por lo tanto no debía esperar el agradecimiento de las criaturas. ¡Ay!, pero sucedía todo lo contrario; si tenía la desgracia Celina de no manifestarse sorprendida y complacida de mis insignificantes servicios, no estaba contenta yo y se lo daba a entender por mis lágrimas.

Cuando involuntariamente apenaba a cualquier persona, en vez de sobreponerme a ello, era tal mi aflicción, que llegaba a perder la salud, aumentando de este modo la gravedad de mi falta más bien que reparándola, y cuando principiaba a consolarme relativamente de la falta, lloraba por haber llorado.

Por cualquier cosa me afligía. Ahora me sucede lo contrario; Dios me ha otorgado la gracia de no abatirme por ninguna cosa pasajera. Mi alma rebosa agradecimiento al acorde de otro tiempo; merced a los favores que he recibido del cielo, se ha verificado en mí tal cambio, que es imposible reconocerme.

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