Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 3 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Parece esto un despropósito si se considera cuán imperfecta era yo entonces y cuán lo soy todavía después de tantos años pasados en religión; a pesar de esto, siento siempre la misma confianza audaz de llegar a ser una gran santa. No cuento con mis méritos, puesto que no tengo ninguno; mas espero en Aquel que es la Virtud y la Santidad misma. El sólo es quien contentándose con mis débiles esfuerzos, me elevará hasta su grandeza, me cubrirá con sus méritos y me hará santa.

No creía entonces que era necesario sufrir mucho para llegar a la santidad; mas no tardó el Señor en descubrirme ese secreto por medio de las tribulaciones relatadas anteriormente. S

Continuaré ahora mi narración desde el punto donde la dejé.

Tres meses después de mi curación, me hizo realizar papá un viaje muy agradable; entonces empecé a conocer el mundo. Todo era gozo y felicidad en torno mío; me veía festejada, mimada, admirada; en una palabra, durante quince días no encontré más que flores en el camino de mi vida. La Sabiduría tiene razón en decir que el hechizo de la vanidad pervierte el ánimo inocente. A los diez años, el corazón se deja deslumbrar con facilidad; confieso que aquella vida tuvo embelesos para mí. ¡Ay! ¡Cómo sabe el mundo juntar muy bien los goces de la tierra con el servicio de Dios! ¡Qué poco piensa en la muerte!

Esto no obstante, la muerte ha visitado ya a muchas de las personas que conocí entonces jóvenes, ricas y felices. Me gusta volver con la imaginación a los agradabilísimos lugares donde vivieron, preguntándome en dónde están y qué provecho les reportan hoy los palacios y los parques donde las vi disfrutar de las comodidades de la vida y pienso que “todo en la tierra es vanidad”, “menos amar a Dios y servirle a El sólo”.:

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