Capítulo 4
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
Primera comunión y confirmación
Tramo 1 de 21
En la narración que hago de aquella visita al Carmen, me acuerdo de la primera que hicimos después de la entrada de Paulina. En la mañana de aquél día, me preguntaba a mí misma qué nombre me pondrían más tarde. Sabía que existía una Sor Teresa de Jesús; sin embargo, no podía renunciar a mi hermoso nombre de Teresa. De pronto pensé en el niño Jesús, a quien tanto amaba, y me dije: “¡Oh, qué feliz sería si pudiera llamarme Teresita del Niño Jesús! Pero me guardé muy bien de expresar este deseo. Con todo, ¿cuál no sería mi alegría al oír que la M. Priora me decía en el curso de la conversación: Cuando venga con nosotras, querida hija se llamará Teresita del Niño Jesús? Esta feliz coincidencia de ideas me pareció una delicadeza de mi amadísimo Niño Jesús.
Nada he dicho todavía de mi afición a las estampas y a la lectura; con todo, debo a las preciosas estampas que me mostraba Vuestra Reverencia. Madre querida, una de las alegrías más dulces e impresionantes y más profundas que me hayan estimulado a la práctica de la virtud. En su contemplación olvidaba las horas. Por ejemplo: “la florecita del divino Prisionero” me decía tantas cosas, que me quedaba estática mirándola: me ofrecía a Jesús como florecita suya, ansiaba consolarle, acercarme también juntito al tabernáculo, ser mirada, cautivada y tomada por El.
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