Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 5 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

¡Qué elocuente era esta hermana querida! Me hubiera gustado que otras personas se aprovecharan de sus profundas enseñanzas; en mi ingenuidad creía que oyéndola, se convertirían los más empedernidos pecadores, abandonando sus perecederas riquezas para buscar sólo las del cielo. Me hubiera sido muy grato hacer oración mental por aquel entonces; pero María me juzgaba ya lo bastante piadosa sin ella, y sólo me permitía mis oraciones vocales. Un día me preguntó una de mis maestras de la Abadía en qué me ocupaba los días de vacaciones sino salía de casa. Le respondía tímidamente: Señora, muchas veces me escondo en un rincón de mi cuarto, que puedo cerrar fácilmente con las cortinas de mi cama, y allí estoy pensando... Pero, ¿en qué piensas?, me replicó riendo la buena religiosa: Pienso en Dios, en la fugacidad de la vida, en la eternidad: en una palabra: ¡pienso! No olvidó mi maestra esta reflexión mía, pues más tarde se complacía en recordarme el tiempo en que yo pensaba, preguntándome si continuaba pensando... Hoy comprendo que lo que hacía entonces era verdadera oración, en la cual el Divino Maestro instruía suavemente mi alma.

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