Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 5

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La gracia de Navidad

Tramo 12 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Derramando lágrimas, le hablé del Carmen y de mis deseos de entrar en él muy pronto. Entonces lloró él también, pero nada me dijo que pudiese desviarme de mi vocación; sólo me observó que era muy joven para tomar una determinación tan importante; mas como insistiese yo defendiendo bien mi causa, el natural recto y generoso de mi incomparable padre se dio muy pronto por convencido. Después de haber desahogado mi corazón, continuamos largo rato nuestro paseo; mi padre ya no lloraba, antes bien me hablaba como pudiera hacerlo un santo. Acercándome a un muro poco elevado, mostróme unas florecillas blancas que parecían azucenas en miniatura, y tomando una de ellas, me la dio explicándome con qué cuidados la había hecho florecer el Señor y la había conservado hasta aquel día.

Tan sorprendente era el parecido entre la florecilla y Teresita, que creía oír referir mi historia, por lo que recibí aquella florecilla como una reliquia. Noté que al tomarla papá, la había arrancado con todas sus raíces sin romperlas; parecía, pues, destinada a vivir aún en otra tierra más fértil, y pensé que lo mismo acababa de hacer conmigo, permitiéndome trocar el dulce valle, testigo de mis primeros pasos en la vida, por la Montaña del Carmelo.

Pegué la florecita blanca en una estampa de Nuestra Señora de las Victorias: la Virgen Santísima le sonríe y el Niño Jesús parece sostenerla en su manita. Ahí está todavía, sólo que el tallo se ha partido muy de cerca de la raíz, como si quisiera Dios avisarme que romperá muy pronto las ligaduras de su florecita y no la dejará marchitarse en la tierra...

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