Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 5

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La gracia de Navidad

Tramo 14 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Mas no... ¡era la noche, la noche profunda, el desamparo completo, una verdadera muerte! Como el Maestro Divino en el huerto de la Agonía, me sentía sola, sin encontrar consuelo ni en el cielo ni en la tierra. La naturaleza parecía tomar parte en mi amarga pena; durante aquellos tres días, no brilló el más leve rayo de sol, y llovió torrencialmente. Tengo bien comprobado que en todas las circunstancias de mi vida ha reflejado la naturaleza la imagen de mi alma. En mi aflicción, ha llorado el cielo conmigo, y en mis alegrías, ni la más ligera nubecilla ha obscurecido el firmamento.

Al cuarto día, que era sábado, fui a ver a mi tío. ¡Cuál no sería mi sorpresa al encontrarle completamente cambiado respecto a mí! En primer lugar, sin que mediase indicación alguna de mi parte, me introdujo en su despacho; luego comenzando por dirigirme suaves reproches por lo cohibida que me mostraba con él, me dijo que no era ya necesario el milagro exigido, pues habiéndole rogado al Señor que inclinase su corazón a mi deseo, se lo había concedido. ¡Yo no lo reconocía ya! Me abrazó con ternura de padre, añadiendo con voz conmovida: Vete en paz, querida hija, eres una florecilla privilegiada que el Señor quiere para sí; no me opondré yo a su deseo.

¡Con qué alegría tomé de nuevo el camino de Buissonnets, bajo un hermoso cielo cuyas nubes se habían disipado, por completo! También en mi alma había cesado la noche. Al despertarse Jesús me había devuelto la alegría; ya no oía el ruido de las olas; en vez del huracán de la tribulación, henchía mi vela una suave brisa, creyéndome ya en el puerto. Pero, ¡ay!, había de desencadenar todavía más de una tormenta que me haría temer, en determinadas horas, verme alejada de la tan anhelada orilla sin esperanzas de regreso.

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