Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 5

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La gracia de Navidad

Tramo 10 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Sí; hacía cinco años que estaba alejada de Vuestra Reverencia, queridísima Madre mía; creía haberla perdido; pero en el momento de la prueba, fue su mano la que me indicó el camino que había de seguir. Necesidad tenía de este consuelo, pues mis visitas al locutorio me eran cada vez más pavorosas; no podía hablar de mi deseo de entrar en el Carmen sin que me sintiese inmediatamente rechazada. María juzgándome demasiado joven, hacía cuanto podía para estorbar mis proyectos. Desde el principio no encontré más que obstáculos. Por otra parte, no me atrevía a decir nada a Celina, y este silencio me hacía padecer mucho; ¡me costaba tanto ocultarle algo! Con todo, pronto se enteró esta querida hermana de mi determinación, mas en vez de desanimarme, aceptó el sacrificio con admirable valor. Puesto que también deseaba ella ser religiosa, le correspondía marcharse antes que yo; pero a ejemplo de los mártires de la antiguedad, que daban alegremente el ósculo de despedida a sus hermanos elegidos para combatir antes que ellos en la arena, me dejó marchar, tomando tanta parte en mis pruebas como si se tratase de su propia vocación.

Por parte de Celina no tenía, pues, nada que temer, pero no sabía de qué medio valerme para anunciar mis proyectos a papá. ¿Cómo decirle que se separase de su reina, cuando acababa de sacrificar sus dos hijas mayores?... Además, aquel año lo tuvimos enfermo con un ataque de parálisis bastante grave, del cual es verdad que se repuso pronto, pero no por eso dejaba de preocuparnos mucho para lo porvenir.

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