Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 5

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La gracia de Navidad

Tramo 13 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Con el consentimiento de papá, creía que podría volar sin temor al Carmen. Mas, ¡ay!, mi tío después de oír a su vez mis confidencias, declaró que le parecía contraria a la prudencia humana esa entrada en una orden austera a los quince años; que sería en perjuicio de la religión consentir que una niña abrazara tal género de vida, y terminó añadiendo que, por su parte se opondría cuanto pudiera a ello, y que a menos que interviniese un milagro, no cambiaría de opinión. Dándome cuenta de que todos los razonamientos eran inútiles, me retiré con el corazón sumido en la más profunda amargura. La oración era mi único consuelo; suplicaba a Jesús que hiciera el milagro pedido, puesto que sólo a tal precio podía yo responder a su llamamiento. Transcurrió bastante tiempo, y parecía que mi tío se había olvidado de nuestra conversación, pero supe más tarde que muy al contrario, le daba ya gran cuidado.

Antes de hacer que luciese en mi alma un rayo de esperanza, quiso enviarme el Señor, por espacio de tres días, otro dolorosísimo martirio. ¡Ah, nunca como entonces me hice cargo de la amargura de la Virgen Santísima y de San José al buscar al Divino Niño perdido por las calles de Jerusalén! Me hallaba en una soledad espantosa, o más bien se asemejaba mi alma al frágil esquife abandonado in piloto a merced de las tempestuosas olas. Sé que Jesús estaba allí durmiendo en mi barquilla, pero ¿cómo verle en medio de la oscuridad de tan lóbrega noche? Si hubiera estallado abiertamente la tempestad, quizá algún relámpago hubiera rasgado las densas nubes de mi alma. Indudablemente triste luz es la de los relámpagos; pero a su fulgor hubiera visto por un instante al Amado de mi corazón.

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