Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 5

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La gracia de Navidad

Tramo 2 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Todos los años al volvera los Buissonnets, después de oír Misa de gallo, encontraba en la chimenea, como en los días de mi tierna infancia, los zapatos llenos de chucherías, lo cual prueba que hasta entonces se me trataba como a una niñita. Mi papá mismo gozaba viendo mi alegría y oyendo mis gritos de júbilo cada vez que sacaba una nueva sorpresa de los zapatos encantados, y su gozo aumentaba mi placer. Mas había llegado la hora en que Jesús quería librarme de los defectos de la infancia y privarme de los goces inocentes que ésta lleva consigo. Permitió que nuestro querido padrecito, que en todas ocasiones me mimaba, demostrase esta vez, contra su costumbre, cierta contrariedad. Al subir a mi aposento le oí pronunciar estas palabras, que me traspasaron el corazón: Es una sorpresa demasiado infantil ya para una jovencita como Teresita; espero que será éste el último año.

Conociendo Celina mi extremada sensibilidad, me dijo en secreto: No bajes inmediatamente, aguarda un poquito, porque no podrías contener las lágrimas al mirar las sorpresas delante de papá. Pero Teresita no era la misma... ¡Jesús había cambiado su corazón!

Ahogando mis lágrimas, bajé rápidamente al comedor, y reprimiendo los latidos de mi corazón, tomé los zapatos y saqué alegremente todos los objetos con el aire satisfecho de una reina. Reíase papá, sin que se retratase ya en su rostro la menor señal de disgusto, y Celina lo creía un sueño. Felizmente era una dulce realidad: Teresita acababa de recobrar para siempre su fortaleza de alma, perdida allá a la edad de cuatro años y medio.

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