Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 6

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

El viaje a Roma

Tramo 13 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Hallábase sentado León XIII en un sillón elevado, y lo rodeaban de pie los prelados y otros altos dignatarios eclesiásticos. Vestía sencillamente sotana blanca y muceta del mismo color. Según el ceremonial, cada romero se arrodillaba por turno; besaba primero el pie, luego la mano del augusto Pontífice y recibía su bendición; después dos guardias nobles tocaban con el dedo al peregrino, advirtiéndole así que se levantase y pasara a otra sala para dejar sitio al siguiente.

A pesar de que nadie decía una palabra, yo estaba bien decidida a hablar, cuando de pronto el Rev. señor Révénory, que se hallaba a la derecha de Su Santidad, nos hizo advertir muy claro que se prohibía terminantemente hablar al Santo Padre; volvíme a Celina, interrogándola con la mirada. Mi corazón latía con violencia. ¡Habla!, me dijo mi hermana. Un instante después me encontré a los pies del Papa. Después de besar su sandalia, me presentó la mano. —.. Entonces, levantando hacia él mis ojos llenos de lágrimas, le supliqué en estos términos:

—Santísimo Padre, tengo que pedir a Vuestra Santidad una gracia muy grande.

Inclinó al instante su cabeza hasta mí, tocando su rostro casi el mío; hubiérase dicho que sus negros y profundos ojos querían penetrar hasta lo más íntimo de mi alma.

—Santísimo Padre —le repetí—; en honor de vuestro Jubileo, permitidme Vuestra Santidad entrar en el Carmen a la edad de quince años.

Sorprendido y contrariado el Vicario General de Bayeux, intervino al punto diciendo:

—santísimo Padre, es una niña que desea abrazar la vida del Carmen; actualmente los superiores examinan la cuestión.

Pues bien, hija mía —me dijo Su Santidad—, haz lo que decidan los superiores.

Cruzando entonces las manos y apoyándolas en sus rodillas, intenté el último esfuerzo:

—¡Oh, Santísimo Padre, si Vuestra Santidad dijera que sí, nadie se opondría!

El Padre Santo me miró fijamente y pronunció estas palabras, recalcando cada sílaba con tono penetrante:

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