Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 6

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

El viaje a Roma

Tramo 2 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

La segunda cosa de que me di cuenta se refería a los sacerdotes. Hasta entonces me había sido imposible comprender el fin principal de la reforma del Carmen; rogar por los pecadores me embelesaba; pero ¡rogar por los sacerdotes, cuyas almas me figuraba más puras que el cristal, me parecía muy extraño! En Italia comprendí mi vocación: ¡no era ir demasiado lejos a buscar tan útil conocimiento!

En el espacio de un mes traté a muchos santos sacerdotes; entonces vi que si su dignidad sublime los eleva sobre los ángeles, no por eso dejan de ser hombres débiles y frágiles. Por tanto, si sacerdotes santos a quienes llama Jesús en el Evangelio sal de la tierra, muestran que tienen necesidad de oraciones, ¿qué diremos de los tibios? ¿Por ventura no son también de Jesús aquellas palabras: “Si la sal se vuelve sosa, con qué se le sazonará?”.

¡Oh, Madre mía, qué hermosa es nuestra vocación! A nosotras, al Carmen, corresponde conservarlas al de la tierra. Ofrecemos nuestros sacrificios y oraciones por los apóstoles del Señor; nosotras mismas debemos ser sus apóstoles, mientras evangelizan ellos con sus palabras y ejemplos las almas de nuestros hermanos. ¡Qué misión tan noble esla nuestra! Mas, me detengo, porque tratando este tema, no se detendría jamás mi pluma...

Le referiré mi viaje, amada Madre mía, con algunos detalles:

El 4 de noviembre, a las tres de la mañana, atravesábamos la ciudad de Lisieux, sepultada aún en las sombras de la noche. Mil impresiones pasaron por mi alma; sentíame ir hacia lo desconocido; sabía que me esperaban allá grandes cosas.

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