Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 6

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

El viaje a Roma

Tramo 9 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

No quiere darnos la de la tierra, nos la enseña tan sólo para hacernos amar la pobreza y la vida oculta; pero nos reserva un palacio de gloria en donde se nos mostrará, no ya velado bajo la apariencia de un niño o de un pedazo de pan, sino tal cual es, en todo el brillo de su infinito esplendor.

Ahora hablaré de Roma; de Roma en donde esperaba encontrar consuelo, pero en donde halléla cruz. Llegamos de noche; yo me había dormido en el vagón, desperté a los gritos de los empleados de la estación repetidos con entusiasmo por los peregrinos: ¡Roma! ¡Roma! ¡No era un — sueño: realmente estaba en Roma!

El primer día, tal vez el más delicioso, lo pasamos extramuros. En el centro de Roma, en presencia de hoteles y almacenes, se cree uno en París; pero enlas afueras, todos los monumentos conservan su sello de antiguedad.

Aquella excursión por la campiña romana dejó grabado en mi alma un recuerdo particularmente perfumado. ¿Cómo podré expresar la impresión que me hizo estremecer a la vista del Coliseo? ¡Por fin contemplaban mis ojos aquella arena donde tantos mártires derramaron su sangre por Cristo! Ya me disponía a besar la tierra santificada por los gloriosos combates, pero, ¡qué decepción!... El terreno ha sido rellenado, y la verdadera arena está sepultada a unos ocho metros de profundidad. A consecuencia de las excavaciones, el centro no es más que un montón de escombros, y una barrera infranqueable impide la entrada. Además, nadie se atreve a internarse en medio de aquellas peligrosas ruinas.

¿Era cosa de llegar a Roma y no bajar al Coliseo? ¡No, de ningún modo! Sin escuchar ya las explicaciones del guía, sólo me embargaba un pensamiento: ¡bajar a la arena!

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.