Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 6

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

El viaje a Roma

Tramo 20 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Apenas llegamos a Lisieux, nuestra primera visita fue al Carmen. ¡Qué entrevista aquella! ¿Se acuerda, Madre mía? Me puse completamente en sus manos, pues por mi parte había agotado ya todos los recursos. Me dijo Vuestra Reverencia que escribiera al Ilmo. señor Obispo recordándole su promesa. Obedecí sin tardanza, y puesta yala carta en el correo, creí que muy pronto recibiría el deseado permiso. Más, ¡ay!, cada día que pasaba me traía nuevo desengaño. Llegó la hermosa fiesta de Navidad, y Jesús continuaba durmiendo. ¡Dejó en tierra su pelotita, sin dirigirle siquiera una mirada! Muy grande fue aquella prueba; pero Aquel, cuyo corazón está siempre en vela, me enseñó que otorga sus milagros en favor de un alma cuya fe no es mayor que un granito de mostaza, a fin de robustecer aquella fe tan pequeña, pero que para sus íntimos, para su Madre, no hizo ningún milagro hasta haber probado su fe. ¿No dejó morir a Lázaro a pesar de que Marta y María le habían enviado a decir que estaba enfermo? Cuando le pidió la Virgen en las bodas de Caná que socorriera al dueño de la casa, ¿nole contestó que su hora, no había llegado todavía? Pero, ¡cómo las recompensó, después de probarlas! El agua se convirtió en vino; Lázaro resucitó. Del mismo modo procedió el Amado Divino consu Teresita: después de probarla largo tiempo, colmó todos sus deseos.

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.