Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 6

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

El viaje a Roma

Tramo 11 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Antes de aquel viaje, no sentía yo ninguna devoción particular por dicha santa; pero al visitar su casa y el lugar de su martirio, al oirla proclamar reina de la armonía por razón del canto virginal que dejó oír en lo íntimo de su corazón a su celestial Esposo, sentí por ella algo más que devoción: verdadera ternura de amiga. Llegó a ser mi santa predilecta, mi confidente íntima. Lo que más me cautivaba en ella era su completa entrega de sí misma y su ilimitada confianza en Dios, que la hicieron capaz de virginizar a almas que jamás ambicionaron otra cosa que los goces de la vida presente. Santa Cecilia es semejante a la Esposa de los Cantares; veo en ella “un coro musical en medio de un campamento de ejército”. Toda su vida fue un canto melodioso, aun en medio de las mayores tribulaciones; y esto no lo extraño, puesto que “el Santo Evangelio reposa en su pecho”. y en su corazón descansaba el Esposo de las vírgenes.

Muy grata fue también para mí la visita a la iglesia de Santa Inés; me encontré allí con una amiga de la infancia. Intenté, pero sin ningún resultado, obtener una reliquia suya para llevársela a mi Madrecita Inés de Jesús. Me la rehusaron los hombres, pero Dios intervino; despegóse una piedrecita de mármol rojo de un rico mosaico cuyo origen se remonta al tiempo de la dulce mártir, y vino a caer a mis pies. ¡Qué encanto!, ¿verdad? Santa Inés me daba ella misma un recuerdo de su casa.

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.