Capítulo 6
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
El viaje a Roma
Tramo 5 de 21
¿Cómo describir mis impresiones ante aquel espectáculo tan poético y grandioso? Mi alma presentía las maravillas del cielo... La vida religiosa se me aparecía tal cual es, con sus sujeciones, sus insignificantes sacrificios cotidianos consumados en la oscuridad. Entonces comprendía lo muy fácil que es llegar a una a replegarse sobre sí misma y olvidar el fin sublime de su vocación, por lo que pensaba: “Más tarde, cuando me visite la tribulación y prisionera en el Carmen, no pueda devisar más que un rinconcito del cielo, me acordaré del espectáculo de que gozan hoy mis ojos; este cuadro me infundirá valor. Pensando en la grandeza y poder de Dios, no daré importancia a mis pequeños intereses; le amaré a El únicamente y no tendré la desgracia de apegarme a insignificancias, ahora que mi corazón vislumbra lo que reserva el Señor a los que lo aman”.
Después de haber contemplado las obras de Dios, pude admirar también las de sus criaturas. La primera ciudad de Italia que visitamos fue Milán. Su catedral de mármol, con sus estatuas tan numerosas que pueden formar un pueblo, fue objeto de un estudio especial por parte nuestra.
Abandonando Celina y yo a las señoras pusilánimes que a los primeros peldaños del edificio se taparon la cara con las manos, seguimos a los romeros más atrevidos y llegamos a la más alta torrecilla, contemplando a nuestros pies la ciudad de Milán, cuyos habitantes parecían hormiguitas. Descendimos de nuestro pedestal y comenzamos una serie de excursiones en coche, que debían de durar un mes y quitarme para siempre el deseo de dejarme arrastrar sin cansancio.
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