Capítulo 7
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La entrada en el Carmelo
Tramo 10 de 14
Todos consideraron aquella nevada como suceso extraordinario, pues lo benigno de la temperatura no la hacía presentir. Después he sabido que muchas personas, enteradas de mi deseo, comentaban a menudo el pequeño milagro de mi toma de hábito, encontrando muy singular mi afición por la nieve... ¡Tanto mejor! Esto hace resaltar más aún la incomprensible condescendencia del Esposo de las vírgenes, el Amador de las azucenas blancas como la nieve.
Su Excelencia Ilma., entró después de la ceremonia y me colmó de sus paternales bondades; me recordó delante de todos los sacerdotes que le rodeaban mi visita a Bayeux y mi viaje a Roma, sin olvidar el detalle del moño; y tomándome la cabeza entre sus manos me acarició largo rato. Nuestro Señor me hizo pensar entonces, con inefable dulzura, enlas caricias que presto me prodigaría El ante la asamblea de los santos, y este consuelo vino a ser para mí como un goce anticipado de la gloria celestial.
Según acabo de decir, el día 10 de enero fue el triunfo de nuestro buen padre; comparo esta fiesta a la entrada de Jesús en Jerusalén el domingo de Ramos.
A ejemplo de la de nuestro Divino Maestro, aquella gloria de un día fue seguida de una dolorosa pasión; y así como los sufrimientos de Jesús laceraron el corazón de su divina Madre, también nuestros corazones sintieron profundamente las heridas y las humillaciones de aquel a quien amábamos más que a nadie en la tierra.
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