Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 7

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La entrada en el Carmelo

Tramo 9 de 14

Letra pequeñaMedianaGrande

Papá, que me esperaba a la puerta de la clausura, vino a mi encuentro, y con ojos llenos de lágrimas me estrechó contra su corazón, diciendo: ¡Ah, he aquí mi reinecita! y ofreciéndome luego el brazo, entramos solemnemente en la capilla. ¡Aquel día fue su triunfo, su última fiesta en la tierra! Había presentado ya todas sus ofrendas; su familia entera pertenecía a Dios. Porque al confiarle Celina que más tarde abandonaría también el mundo para entrar en el Carmen, aquel incomparable padre le contestó, arrobado de júbilo: Ven, vamos juntos a postrarnos ante el Santísimo Sacramento para darle gracias al Señor por los favores que concede a nuestra familia, y por el honor que me dispensa escogiéndose esposas en mi casa. Sí, muy grande es el honor que me hace Dios, pidiéndome mis hijas, y si algo mejor poseyera, me apresuraría a ofrecérselo. ¡Este algo mejor era él mismo! “El Señor lo recibió como una hostia de holocausto, probándolo como el oro en el crisol, y hallándolo digno de él”.

Al volver a entrar en el convento, después de terminada la ceremonia exterior, entonó Su Excelencia Ilustrísima el Te Deum; un sacerdote le observó que aquel himno solamente se cantaba en las profesiones; pero ya estaba dado el impulso, y el cántico de acción de gracias continuó hasta el final. ¡Tenía que ser completa aquella fiesta, puesto que resumía todas las demás!

Al poner el pie en la clausura mi primera mirada fue para mi lindo Niño Jesús, que me sonreía rodeado de flores y luces. Volvíme luego hacia el patio y lo vi completamente cubierto de nieve. ¡Oh suave fineza de Jesús, que colmando todos los deseos de su pequeña desposada le daba nieve! ¿Qué mortal por muy poderoso que sea es capaz de hacer caer del cielo un solo copo de nieve para embelesar a su amada?

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