Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 7

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La entrada en el Carmelo

Tramo 12 de 14

Letra pequeñaMedianaGrande

Saciado estaba mi deseo de padecimientos, mas no por eso disminuyó un ápice el atractivo que para mí tenían; por eso compartió luego mi alma la tribulación del corazón y aumentó la sequedad, sin consuelo por parte del cielo y de la tierra. Con todo, en medio de aquella oleada de tribulaciones que yo misma había llamado con todos mis deseos, era la criatura más feliz.

De esta manera transcurrió el tiempo de mis desposorios divinos, desgraciadamente demasiado largo para mis deseos. Al finalizar el año, me dijo nuestra Madre que no pensara en hacer la profesión, porque el Superior se oponía formalmente a ello. ¡Y tuve que esperar ocho meses más! En el primer momento se me hizo muy duro aceptar semejante sacrificio, pero pronto la luz divina iluminó mi alma.

Meditaba por aquel tiempo los Fundamentos de la Vida Espiritual, del P. Surin. Cierto día, durante la oración, comprendí que en aquel vehemente deseo mío de pronunciar los votos se mezclaba gran dosis de amor propio; ya que pertenecía a Jesús como un juguetito para consolarle y agradarle, no debía obligarle a que hiciese El mi voluntad y no la suya. Entendí también que una desposada no agradaría a su esposo el día de sus bodas si no se presentaba ataviada de magníficos adornos, y yo no había trabajado todavía para lograr este fin. Entonces dije a Nuestro Señor: Ya no os pido, Señor, que me dejéis profesar, esperaré todo el tiempo que queráis; pero no podría soportar que mi unión con Vos fuese diferida por culpa mía. Por tanto, pondré toda mi solicitud en hacerme una túnica enriquecida con diamantes y pedrerías de todas clases; tengo la seguridad de que cuando la encontréis bastante rica, nada os impedirá tomarme por esposa.

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