Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 8

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La profesión religiosa

Tramo 2 de 19

Letra pequeñaMedianaGrande

Algunas horas antes de mi profesión recibí de Roma, por conducto del venerado Hermano Simeón, la bendición del Padre Santo, de gran precio para mí, pues seguramente me ayudó a atravesar la más furiosa tempestad de toda mi vida.

En la piadosa velada que precede a la aurora del gran día y que tan dulce es de ordinario, parecióme de pronto mi vocación como un sueño, una quimera; el demonio, pues era él, me inspiraba la seguridad de que la vida del Carmen no me convenía de ningún modo, y que al avanzar por un camino para el cual no me llamaba Dios, engañaba a los superiores. Tan densas llegaron a ser las tinieblas que me envolvieron, que sólo comprendí una cosa: puesto que no tenía vocación religiosa, debía volver al mundo.

¡Ah!, ¿cómo expresar mis angustias? ¿Qué hacer ante tal perplejidad? Opté por el mejor partido: descubrí inmediatamente esta tentación a nuestra Maestra. La hice, pues, salir del coro, y llena de confusión le declaré el estado de mi alma. Afortunadamente vio ella más claro que yo; se contentó con reírse de mi confidencia y me tranquilizó enteramente. Por otra parte, el acto de humildad que acababa de hacer, puso como por ensalmo en fuga al demonio; su deseo era impedirme confesar mi turbación y enredarme de esta manera en sus lazos. Pero salió burlado, porque, a fin de completar mi humillación, quise también decírselo todo a nuestra Madre, y su consoladora respuesta acabó de disipar mis dudas.

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