Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 8

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La profesión religiosa

Tramo 3 de 19

Letra pequeñaMedianaGrande

Desde la mañana del 8 de septiembre inundó mi alma un río de paz; embebida en esta paz que “excede a todo sentimiento”. pronuncié mis santos votos. ¡Cuántas gracias pedí! Sintiéndome verdaderamente “reina”, aproveché mi título para alcanzar todas las mercedes del Rey en favor de sus súbditos ingratos. A nadie olvidé: quería que aquel día se convirtieran todos los pecadores de la tierra, que no quedara, en el purgatorio un solo cautivo. Lo que deseaba para mí, estaba escrito en la siguiente esquelita que llevaba sobre mi corazón:

¡Oh Jesús, divino Esposo mío, haced que mi vestidura bautismal no pierda jamás su blancura! Llamadme a Vos, antes de permitir que manche mi alma en la tierra la más ligera falta voluntaria. A Vos sólo os busqué siempre, y que a Vos sólo os encuentre, Sean nada para mí las criaturas, y nada sea yo para ellas. Que ninguna cosa de la tierra turbe jamás la paz de mi alma.

¡Oh Jesús, sólo os pido la paz!... La paz, y sobre todo el amor, un amor sin límites, sin medida. Haced que muera mártir por Vos, dadme el martirio del corazón o del cuerpo. ¡Ah, dadme mejor entrambos!

Haced que cumpla con toda perfección mis votos, que nadie se cuide de mí, que sea pisoteada y olvidada como un granito de arena. Me ofrezco a Vos, Amado mío, para que cumpláis perfectamente en mí vuestra voluntad, sin que jamás las criaturas sean obstáculos para ello.

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