Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 13 de 26
Desde mi entrada en el Carmen he pensado siempre que si Jesús no me llevaba muy pronto al cielo sería mi suerte la de la palomita de Noé: que abriendo el Señor un día la ventana del arca, me invitaría a volar muy lejos, en dirección de las playas infieles, llevando el ramo de olivo. Este pensamiento me ha hecho remontar el vuelo por encima de todo lo creado.
Viendo que hasta en el propio Carmen podía sufrir la amarga pena de nuevas separaciones, quise anticiparme a habitar en el cielo, por lo que acepté no sólo vivir desterrada en medio de un pueblo desconocido, sino, lo que era para mí mucho más amargo, acepté el destierro para mis hermanas. Dos de ellas fueron, efectivamente, pedidas por el Carmen de Saigón, fundado por nuestro convento, y durante algún tiempo se pensó seriamente en enviarlas allá. ¡Ah, no hubiera yo abierto mis labios para retenerlas, aunque mi corazón se destrozara al pensar en las pruebas que les esperaban!...
Ahora todo ha pasado ya; los superiores han puesto obstáculos insuperables a su partida, de modo que mojé mis labios en este cáliz sólo lo suficiente para probar su amargura.
Permítame que le diga, Madre mía, por qué deseo responder al llamamiento de nuestras Madres de Hanoi en el caso de que la Virgen Santísima quiera curarme.
Según he oído decir, se necesita una vocación especial para vivir en los Cármenes del extranjero; muchas almas se creen llamadas allá, sin serlo en realidad. Vuestra Reverencia me ha dicho, Madre mía, que yo tenía esa vocación, y que el único obstáculo para realizarla era mi poca salud.
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