Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 24 de 26
Le hablaba hace un instante, Madre mía, del último recurso que empleo para evitar un desastre en los combates de la vida: el recurso de la fuga, medio poco honroso que usé durante el noviciado, dándome magníficos resultados, delo cual le citaré un caso manifiesto que quizá le haga sonreír.
Hacía algunos días que estaba enferma Vuestra Reverencia, con una bronquitis que nos inspiró seria inquietud. Una mañana fui muy quedo a entregar en su celda las llaves de la reja de la Comunión, porque yo estaba entonces de sacristana. En el fondo me alegraba en el alma de tener esta ocasión de ver a Vuestra Reverencia, pero me guardé muy bien de manifestarlo, pues una de sus hijas, animada de santo celo, creyó que iba a despertarla y quiso tomarme las llaves discretamente. Le dije entonces con toda la amabilidad posible que tenía el mismo interés que ella en no hacer ruido, y añadí que me pertenecía el derecho de devolver las llaves. Hoy veo que hubiera sido más perfecto ceder sin ninguna réplica; pero como no lo entendí así entonces, quise entrar en pos de ella a pesar de su oposición.
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