Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 14 de 26
¡Ah, ciertamente que si tuviera que abandonar un día mi cuna religiosa, no sería sin dolor! No tengo un corazón insensible; por esto cabalmente, porque es capaz de sufrir mucho, deseo ofrecer a Jesús todos los sufrimientos que pueda sobrellevar. Aquí soy querida de Vuestra Reverencia, Madre mía, y de todas mis Hermanas; este cariño es muy dulce; por lo mismo, desearía habitar un monasterio donde fuera desconocida y tuviera que sufrir el destierro del corazón. No con ánimo de ser útil al Carmen de Hanoi abandonaría yo todo cuanto quiero, pues bien conozco mi incapacidad; mi único fin sería cumplir la voluntad de Dios y sacrificarme por El conforme a sus deseos.
Estoy convencida de que no sufriría ninguna decepción, pues cuando una espera exclusivamente padecer, le sorprende el menor goce; además, llega aser el sufrimiento la mayor parte de las alegrías cuando se busca como un tesoro precioso. Pero estoy enferma, ahora, sin esperanza de curación, y ello no obstante, gozo de paz; hace ya mucho tiempo que no me pertenezco, estoy del todo entregada a Jesús... El es muy libre de hacer de mí cuanto le parezca. Me infundió el deseo de un destierro completo preguntándome si consentía beber ese cáliz; al punto quise asirlo, pero retiró su mano, demostrándome que la sola aceptación le bastaba.
¡Dios mío, de cuántas inquietudes nos libra el voto de obediencia! ¡Qué felices son las simples religiosas! Usando únicamente como brújula la voluntad de los superiores, están siempre seguras de seguir el camino recto, sin temor de equivocarse, aun cuando les parezca indudable que los superiores se equivocan. Pero en cuanto se deja de consultar esa infalible brújula, extravía el alma por áridos caminos, viéndose luego privada del agua de la gracia.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.