Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 15 de 26
Vuestra Reverencia, Madre mía, es la brújula que Jesús me ha dado para conducirme con seguridad a la ribera eterna. ¡Cuán dulce es para mí fijar la mirada en Vuestra Reverencia y cumplir después la voluntad de Dios! A la par que permite el Señor que padezca de tentaciones contra la fe, aumenta extraordinariamente en mi corazón el espíritu de la fe, que me hace ver al Divino Maestro vivo en el alma de Vuestra Reverencia, comunicándome por conducto suyo sus benditas órdenes. Reconozco, Madre mía, que Vuestra Reverencia me hace suave y ligero el yugo de la obediencia; pero a juzgar por mis sentimientos íntimos, creo que no cambiaría de conducta y que mi ternura filial no disminuiría en lo más mínimo si le pluguiera tratarme con severidad, porque vería siempre la voluntad de mi Dios manifestándose de diferente manera para mayor bien de mi alma.
Entre las innumerables gracias que he recibido este año, no juzgo la menor de ellas la que me ha concedido de comprender en toda su extensión el precepto de la caridad.
Nunca había profundizado estas palabras de Nuestro Señor: “El segundo mandamiento, es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Aplicábame sobre todo amar a Dios y amándole descubrí el secreto de estas otras palabras: “No los que dicen: ¡Señor!, ¡Señor!, entrarán en el reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre”.
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