Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 9

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La prueba de la fe

Tramo 23 de 26

Letra pequeñaMedianaGrande

Una santa religiosa de la Comunidad tenía antes el don de desagradarme en todo; mezclábase en esto el demonio, pues no cabe duda de que era él quien me hacía ver en ella tantas cosas desagradables. Luchando, pues, para no ceder a la antipatía natural que me inspiraba, pensé que la caridad no se practica tan sólo en los sentimientos, sino que ha de conocerse también enlas obras, porlo cual apliquéme a hacer por aquella hermana lo que hubiera hecho por la persona más querida. Cada vez que la encontraba rogaba a Dios por ella ofreciéndole todas las virtudes y méritos. Conocía que esto agradaba mucho a mi Jesús, pues no hay artista a quien no le guste recibir alabanzas por sus obras, y el divino Artista de las almas se complace en que uno no se detenga en el exterior, sino que, penetrando hasta en el santuario íntimo que ha elegido por morada, admiremos la belleza de éste.

No me contentaba con rezar mucho por la que me ofrecía tantas ocasiones de combatir, sino que procuraba, además, hacerle cuantos favores podía; y si me asaltaba la tentación de responderle de modo desagradable, me daba prisa en dirigirle una amable sonrisa, intentando desviar la conversación, pues dice el Kempis que “vale más dejar a cada uno con su idea, que detenerse a discutir”.

Muchas veces, cuando el demonio me tentaba violentamente y me podía esquivar sin que ella advirtiera mi lucha interior, huía como un soldado desertor... En esto, díjome ella un día con aire de gozo: Hermana Teresita del Niño Jesús, ¿quiere decirme lo que la atrae tanto hacía mí? No la encuentro ni una sola vez sin que me dirija la más graciosa sonrisa. ¡Ah! lo que me atraía era Jesús oculto en el fondo de su alma; Jesús, que dulcifica lo más amargo.

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