Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 9

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La prueba de la fe

Tramo 10 de 26

Letra pequeñaMedianaGrande

A cada nueva ocasión de combate, cuando el enemigo me reta, me porto como valiente; sé que es de cobardes batirse en duelo, por lo cual vuelvo la espalda a mi adversario sin mirarle jamás de frente; corro luego a mi Jesús y le digo que estoy dispuesta a derramar toda mi sangre para confesar que hay un cielo, que me considero feliz de no poder contemplar en la tierra, con los ojos del alma, ese hermoso cielo que me espera, a fin de que se digne abrirlo por toda la eternidad a los desgraciados incrédulos.

Así es que, a pesar de esta aflicción que me roba todo sentimiento de gozo, puedo exclamar aún: Señor, me colmáis de alegría con todo lo que hacéis. Pues ¿existe mayor alegría que la de sufrir por vuestro amor? Mientras más intenso es el dolor y menos se muestra a los ojos de las criaturas, tanto más os hace sonreir, ¡oh Dios mío! Y así, si por un imposible, debiérais ignorarlo, yo misma también me consideraría feliz de sufrir, con la esperanza de que mis lágrimas pudieran impedir o reparar tal vez una sola falta contra la fe.

Sin duda creerá Vuestra Reverencia, venerada María mía, que exagero un tanto la noche de mi alma. Si juzga por las poesías compuestas por mí este año, le parecerá que recibo grandes consuelos y que casi se ha rasgado ante mis ojos el velo de la fe. A pesar de ello, ya no es un velo, sino un muro que se levanta hasta los cielos y me oculta el firmamento estrellado.

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