Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 9

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La prueba de la fe

Tramo 20 de 26

Letra pequeñaMedianaGrande

Es indudable que puedo pedir esos objetos indispensables, y si lo hago con humildad, en nada falto al mandamiento de Jesús: antes bien, obro como los pobres que tienden la mano para recibir lo que necesitan; pero si los despiden sin dárselo, no se admiran, pues nadie les debe nada. ¡Ah, qué paz tan profunda inunda el alma cuando se eleva sobre los sentimientos de la naturaleza! No, no hay alegría comparable a la que experimenta el verdadero pobre de espíritu. Si pide con desprendimiento un objeto necesario, y no sólo se lo rehusan, sino que además intentan arrebatarle lo que tiene, sigue aquel consejo de Nuestro Señor: “ Al que quiera litigar contigo y quitarte la túnica, déjale también la capa”.

Ceder la capa es, a mi parecer, renunciar a nuestros últimos derechos, considerarse como servidora y esclava de las demás. Ya despojados del abrigo, es más fácil andar y correr; así es que Jesús añade: “ Y cualquiera que os obligue a andar mil pasos, andad dos mil más en su compañía”. No me basta dar a todo el que me pide; he de aplicarme a adivinar los deseos, he de mostrarme muy agradecida, muy honrada de poder hacer algún servicio, y si se llevan algún objeto de mi uso, parecer alegre de que me hayan desembarazado de él.

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