Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 21 de 26
Con todo, no siempre puedo practicara al pie de la letra las palabras del Evangelio; hay ocasiones en que me veo obligada a rehusar alguna cosa a mis hermanas. Pero la caridad se muestra siempre en el exterior, cuando está profundamente arraigada en el corazón; hay un modo tan amable de rehusarlo que nos es imposible dar, que se tiene menos reparo en pedir constantemente favores a las personas que se muestran siempre dispuestas a servir; sin embargo de ello a pretexto de no poder complacerlas siempre, no debo huir de las hermanas que me piden favores fácilmente, puesto que el Divino Maestro ha dicho: "no huyas del que quiera pedirte prestado”.”
Tampoco he de mostrarme complaciente con el fin de parecerlo o con la esperanza de que la hermana a quien sirvo me devuelva el favor, pues dice aún Nuestro Señor: “Si prestáis a sólo aquellos de quienes esperáis recibir algo, ¿qué agradecimiento os deberán? Porque también los pecadores prestan a otros pecadores para recibir otro tanto. Pero vosotros, haced bien y prestad sin esperar nada por ello; así será grande vuestra recompensa”.
¡Y estan grande la recompensa, aun la que se recibe en la tierra!... En este camino, sólo el primer paso cuesta. Prestar sin esperar nada por ello, parece duro; preferible sería dar, pues una cosa dada ya no nos pertenece. Si con aire de convicción viene una a decirnos: Hermana, necesito su ayuda durante algunas horas, pero no pase cuidado alguno: me ha dado permiso nuestra Madre, y devolveré a Vuestra Caridad el tiempo que me preste; entonces, si una está convencida de que no nos devolverán ese tiempo que prestamos, quisiéramos decirle: ¡Se lo regalo! Así satisfaríamos nuestro amor propio, pues es un acto más generoso dar que prestar, además daríamos a entender a la hermana que no contamos con sus servicios.
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