Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 22 de 26
¡Ah, qué contrarias a la naturaleza son las enseñanzas divinas! Sin el auxilio de la gracia, nos sería imposible, no sólo ponerlas en práctica, sino también comprenderlas.
Amada Madre mía, veo que más que nunca me he explicado pésimamente. No sé qué interés encontrará Vuestra Reverencia en leer todos estos confusos pensamientos. Pero, en fin, no escribo con idea de hacer una obra literaria; si con esta especie de discurso sobre la caridad le produzco hastío, a lo menos verá que su hija ha dado prueba de buena voluntad.
Pero, ¡ay!, confieso que estoy lejos de practicar lo que tan bien entiendo; a pesar de ello, el sólo deseo que tengo de practicarlo me llena de paz. Si acaso cometo alguna falta contra la caridad, me levanto al punto; hace ya algunos meses que ni siquiera tengo que combatir, por lo que puedo decir con nuestro Padre san Juan-.de la Cruz: “Mi morada está enteramente pacificada”. Esta íntima paz la atribuyo a cierto combate del cual salí victoriosa. Desde aquel triunfo, acude siempre en mi socorro la milicia celestial, no pudiendo permitir sea herida después de haber luchado valerosamente en la ocasión que voy a describir.
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