Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 9 de 26
Le estaba diciendo a Vuestra Reverencia, Madre mía, que desde mi niñez me fue dada la certeza de que iría un día lejos de mi tenebroso país. Me inspiraba esta convicción, no solamente lo que oía decir, sino además las aspiraciones íntimas y profundas de mi corazón, las cuales me permitían presentir que otra tierra, otra región más luminosa, sería un día mi morada estable; no de otro modo el genio de Cristóbal Colón hacíale adivinar un nuevo mundo. Mas de repente penetraban en mi alma las tinieblas que me rodean por fuera, envolviéndome de tal suerte, que ni siquiera puedo volver a encontrar en mí la imagen tan dulce de mi patria... ¡Todo ha desaparecido!...
Cuando quiero hacer descansar mi corazón fatigado por las tinieblas que le rodean, con el fortificante recuerdo de una vida futura y eterna, acreciéntase mi tormento. Me parece que las tinieblas, pidiendo prestada su voz a los impíos, se burlan de mí diciéndome: Sueñas en la luz en una patria embalsamada de suaves perfumes; sueñas en la eterna posesión del Creador de estas maravillas; crees que saldrás un día de las tinieblas en que desfalleces; pues, ¡adelante!... ¡adelante!... ¡Alégrate de la muerte que te dará, no lo que esperas, sino una noche todavía más oscura, la noche de la nada!...
Amadísima Madre; esta imagen de la prueba que me aflige es tan imperfecta como un esbozo comparado consu modelo; pero no quiero escribir más sobre el asunto, temería blasfemar... hasta tengo miedo de haber dicho demasiado. ¡Ah, Dios me perdone! El sabe muy bien que, aunque me falte el goce de la fe, me esfuerzo en practicar las obras. He hecho más actos de fe desde hace un año que durante toda mi vida.
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