Capítulo 9
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La prueba de la fe
Tramo 18 de 26
No podría ponderar cuánta utilidad saqué de este pequeño incidente y cómo me enseñó a tener indulgencia, impidiéndome además vanagloriarme cuando me juzgan favorablemente, pues pienso que si los demás creen equivocadamente mis insignificantes actos de virtud como imperfecciones, lo mismo pueden equivocarse creyendo virtud lo que no es más que imperfección. Por esto repito con san Pablo: “Poco me importa ser juzgado por ningún tribunal humano. No he de juzgarme yo mismo; el Señor es mi juez”.”
y
Volviendo al Santo Evangelio, en él me explica el Señor claramente en qué consiste su nuevo mandamiento.
Leo en san Mateo: “Habéis oído que se dijo: amarás a tu amigo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, rogad por los que os persiguen”.
Naturalmente que en el Carmen no encuentra una enemigos, pero sí existen mayores o menores simpatías; se siente una atraída hacia tal o cual hermana, mientras que tal vez otra nos obligaría a dar un gran rodeo para evitar su encuentro. Pues bien, Jesús me dice que tengo que amar a esa hermana, que debo rogar por ella, aunque su modo de proceder me incline a creer que no me ama: “Si sólo amáis a los que os aman, ¿qué agradecimiento os deberán? Porque también los pecadores aman a los que los aman”. No basta amar, hay que demostrar el amor. Es natural la satisfacción que se experimenta al dar gusto a un amigo; pero esto no es caridad, pues los pecadores lo hacen también.
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