Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 9

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La prueba de la fe

Tramo 5 de 26

Letra pequeñaMedianaGrande

En la tierra son muy raras las personas que no miden el poder divino según sus limitadas ideas. El mundo admite que hay excepciones en todas partes; ¡sólo el Señor no tiene derecho a hacerlas! Sé que ha mucho que se practica entre los hombres el sistema de medir la experiencia por los años, pues el santo rey David cantaba al Señor en su adolescencia: “Soy joven y me desprecian”. Sin embargo, de ello no vacila en decir en el mismo salmo: “Me he vuelto más prudente que los ancianos, porque he buscado vuestra voluntad. Vuestra palabra es la lámpara que alumbra mis pasos. Estoy pronto a cumplir vuestras órdenes y nada me perturba”.

Nisiquiera le ha parecido imprudente decirme un día, Madre mía, que el Divino Maestro iluminaba mi alma y me daba la experiencia de los años. Soy al presente demasiado pequeña para tener vanidad; soy también demasiado pequeña para componer hermosas frases que persuadan a los demás de que tengo mucha humildad; prefiero convenir sencillamente en que el “Todopoderoso ha obrado en mí grandes cosas”; y la mayor de todas es la de haberme mostrado mi pequeñez, mi incapacidad para todo bien.

Mi alma ha conocido muchas clases de tribulaciones, he padecido mucho aquí en la tierra. En mi infancia sufrí con tristeza; pero hoy día saboreo esos frutos amargos en santa paz y alegría. Menester es que me conozca Vuestra Reverencia muy a fondo. Madre querida, para que no sonría al leer estas páginas. ¿Hay, en efecto, un alma menos probada, en apariencia, que la mía? ¡Ah!, si apareciera a las miradas humanas el martirio que sufro desde hace un año, ¡qué extrañeza! Puesto que Vuestra Reverencia lo desea, intentaré describirlo; pero no hay palabras para explicar estas cosas, y por mucho que haga, el relato será muy inferior a la realidad.

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