Capítulo 10
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La caridad fraterna
Tramo 21 de 31
Ahora mismo le estaba diciendo, amada Madre, que la práctica de la caridad no me ha sido siempre tan suave, y — en prueba de ello voy a referirle algunos de mis muchos combates.
Durante una larga temporada estuve en la oración no muy lejos de una hermana que continuamente removía su rosario, o no sé qué otra cosa; quizá sería yo la única en oírlo, pues tengo el oído fino en extremo. Imposible me sería describir la gran molestia que me ocasionaba esto. Deseaba volver la cabeza para mirar a la culpable y hacer que cesara el ruido; pero sentía en lo íntimo de mi corazón que era mejor sufrir aquello con paciencia, primero por amor a Dios, y luego para no apenar a nadie.
Quedábame, pues, tranquila, pero a veces me inundaba copioso sudor; sólo podía ofrecer a Dios una oración de sufrimiento. En fin, me aplicaba a sufrir con paz y alegría, al menos en lo íntimo de mi alma, procurando entonces complacerme en aquel ruidito desagradable. En vez de procurar no oírlo, lo cual era imposible, escuchaba atentamente, como si se tratara de un concierto embelesante, y mi oración que ciertamente no era de quietud, se pasaba ofreciendo el concierto a Jesús.
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