Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

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Así lo entendieron tados los santos y más particularmente quizá aquellos que iluminaron el universo con la doctrina evangélica. ¿Por ventura san Pablo, san Agustín, santo Tomás de Aquino, san Juan de la Cruz, santa Teresa y tantos otros amigos de Dios, no bebieron en la oración aquella ciencia admirable que cautiva a los mayores genios?

Dijo un sabio: “"Dadme un punto de apoyo, y con una palanca levantaré el mundo”. Lo que no pudo obtener Arquímedes, lo alcanzaron plenamente los santos. El Todopoderoso les dio, como punto de apoyo, ¡a El mismo, a El solo! Como palanca, la oración que inflama con fuego de amor; con esto levantaron el mundo; así los santos militantes siguen levantándolo todavía y lo levantarán hasta el fin de los tiempos.

Réstame decirle, Madre mía, lo que entiendo por el olor de los perfumes del Amado. Puesto que Jesús subió a los cielos, no puedo seguirle sino por las huellas que dejó en la tierra. ¡Qué luminosas son esas huellas, qué aroma tan divino exhalan! Con sólo abrir el santo Evangelio, respiro luego ese perfume embriagador y sé por dónde tengo que correr. No me apresuro a tomar el primer lugar sino que, por el contrario, me lanzo al último, dejando subir al fariseo, y repito llena de confianza la humilde oración del publicano. Pero sobre todo, imito el proceder de Magdalena... Aquella su sorprendente, o más bien, amorosa audacia, que tanto cautiva el corazón de Jesús, seduce el mío.

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