Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

Tramo 7 de 31

Letra pequeñaMedianaGrande

Al penetrar en el santuario de las almas me di cuenta, desde la primera ojeada, de que la tarea era muy superior a mis fuerzas; me eché al punto en los brazos de Dios, como los niños pequeñuelos esconden, bajo la impresión de algún temor, su rubia cabecita en el hombro de su padre, y le dije: ¡Señor! Bien sabéis que soy demasiado pequeña para alimentar a vuestras hijas; si queréis darles por mi mediación lo que necesitan, llenad mi mano, y sin dejar vuestros brazos, sin volver siguiera la cabeza, distribuiré vuestros tesoros al alma que venga a pedirme alimento. Si lo encuentra a su gusto, sabré que no me lo debe a mí, sino a Vos, Señor; y si por el contrario, se queja y encuentra amargo lo que le ofrezco, no se alterará por esto la paz de mi alma, antes bien, procuraré persuadirla de que este alimento le viene de Vos, y me guardaré muy bien de buscarle otro.

Al comprender así que me era imposible hacer cosa alguna por mí misma, me pareció simplificada mi tarea. Sólo me esforzaba interiormente en unirme cada vez más y más a Dios, sabiendo que el resto se me daría por añadidura. Y así ha sido, en efecto. Nunca ha sido defraudada mi esperanza; mi mano se ha encontrado llena tantas veces como ha sido necesario para alimentar el alma de mis hermanas. Confieso, Madre mía, que a no haber obrado de esta manera, si hubiera confiado en mis propias fuerzas, sin tardanza le hubiera rendido las armas.

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