Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

Tramo 1 de 31

Letra pequeñaMedianaGrande

Madre venerada: Dios me ha concedido la gracia de penetrar las misteriosas profundidades de la caridad. Si pudiera expresar lo que comprendo, oiría Vuestra Reverencia una melodía celestial. Mas, ¡ay!, que no sé sino balbucear como un niño, pues en verdad que si las palabras de Jesús no me sirvieran de apoyo, estaría tentada de pedirle licencia para callarme.

Al decirme el Divino Maestro que “ déa todo el que me pide, y me deje quitar lo que me pertenece sin reclamarlo”, considero que no habla tan sólo de los bienes de la tierra sino que se refiere también a los del cielo. Ni unos ni otros son míos; por el voto de pobreza renuncié a los primeros; los segundos, igualmente que éstos, me han sido prestados por Dios, que puede quitármelos sin que me sea lícito quejarme.

Mas los pensamientos profundos y personales, los destellos de la inteligencia, las centellas ardientes del corazón, forman como una riqueza a la que uno se apega como a su propio bien, que nadie tiene derecho a tocar. Por ejemplo: si comunico alguna luz de mi oración a una de mis hermanas y ella la manifiesta después como proveniente de sí misma, parece que se apropia mi bien; si durante el recreo, una voz baja dice a su compañera tal o cual palabra ingeniosa oportuna, y ella sin dar a conocer el origen, la repite en alta voz, parece esto algo así como un robo a la propietaria, la cual, aunque no proteste, tiene vivos deseos de hacerlo, por lo que aprovechará la primera ocasión para dar a entender discretamente que se han apoderado de sus pensamientos.

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