Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

Tramo 10 de 31

Letra pequeñaMedianaGrande

Dije anteriormente que, instruyendo a las otras había aprendido mucho. Primeramente he visto que todas las almas sostienen poco más o menos los mismos combates; pero que, con todo, hay entre ellas diferencia suma, que obliga a no tratarlas de la misma manera. Veo que con algunas conviene que me haga pequeña y no temo humillarme declarando mis luchas y derrotas; entonces confiesan fácilmente a su vez las faltas que se reprochan, y se alegran de ver que las comprendo por experiencia. En cambio, para obtener buenos resultados con otras, he de emplear gran firmeza y no desdecirme jamás de una cosa ya dicha: humillarme sería entonces debilidad.

El Señor me ha concedido la gracia de que no me arredre la guerra; por encima de todo y a toda costa, he de cumplir siempre mi deber. Más de una vez me han hecho esta observación: Si quiere obtener algo de mí, no use la fuerza, sino la dulzura; de lo contrario, no alcanzará nada. Pero sé que nadie es buen juez en causa propia, y que si el cirujano hace una operación dolorosa a un niño, no cesará éste de gritar diciendo que es peor el remedio que la enfermedad; pero esto no es obstáculo para que, al verse a los pocos días curado, quede muy contento de poder jugar y correr. Lo mismo sucede con las almas; no tardan en reconocer que un poco de amargura es preferible al azúcar, y no temen confesarlo.

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