Capítulo 10
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La caridad fraterna
Tramo 5 de 31
Desde el primer momento de nuestra entrevista, advirtiendo mi pobre hermanita que yo no era la misma, llena de turbación se sentó a mi lado; estrechándola entonces contra mi corazón, le dije con ternura todo lo que pensaba de ella. Le mostré en qué consiste el verdadero amor, dándole a entender que el amor a su M. Priora con cariño puramente natural era amarse a sí misma, y le confié los sacrificios que me había visto precisada a hacer sobre este particular al principio de mi vida religiosa. Pronto sus lágrimas se mezclaron con las mías: reconoció humildemente sus yerros, dándome toda la razón, y me prometió comenzar una vida nueva, pidiéndome por favor que le advirtiera siempre sus faltas.
Desde aquel instante, nuestra amistad fue enteramente espiritual, realizándose en nosotras el oráculo del Espíritu Santo: “El hermano a quien otro hermano ayuda, es como una ciudad fortificada”.
Bien sabe, Madre mía, que mi intención no era apartar de Vuestra Reverencia a mi compañera; sólo quería darle a entender que el verdadero amor se alimenta de sacrificios y que cuanto más se priva el alma de toda satisfacción natural, tanto más fuerte y desinteresada llega a ser su ternura.
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