Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 11

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La confianza y el amor

Tramo 10 de 16

Letra pequeñaMedianaGrande

No soy más que una niña débil e impotente; mas esta misma debilidad me comunica la audacia de ofrecerme como víctima de vuestro amor, Jesús mío. Antes, sólo las hostias puras y sin mancha eran aceptadas al Dios fuerte y poderoso; eran necesarias víctimas perfectas para satisfacer a la justicia divina; pero a la ley del temor ha sucedido la ley del amor, y el amor me ha escogido por holocausto, ¡a mí, débil e imperfecta creatura! Esta elección, ¿no es por ventura digna del amor? Sí, porque el amor necesita rebajarse hasta la nada y transformar en fuego esta nada, para quedar plenamente satisfecho.

Sé, Dios mío, “que el amor sólo con amor se paga”; por eso he buscado y he hallado el modo de desahogar mi corazón, devolviéndoos amor por amor. “Emplead las riquezas que pueden tornaros de injustos en granjearos amigos que os reciban en las moradas eternas”. Este es, Señor, el consejo que dais a vuestros discípulos después de haberles dicho “que los hijos de las tinieblas son más hábiles en sus negocios que los hijos de la luz”.

Hija de la luz soy; he comprendido que mis deseos de abrazar todas las vocaciones y de serlo todo, eran riquezas í que podían muy bien tornarme injusta. Recordando la oración de Eliseo al profeta Elías, cuando le pidió el don de su noble espíritu, me presenté ante los Angeles y la Asamblea de los Santos y les dije: Soy la más pequeña de la criaturas; reconozco mi miseria, pero sé también hasta qué punto desean hacer el bien los corazones nobles y generosos; os suplico, pues, bienaventurados habitantes de la Ciudad Celestial, que me adoptéis como hija: sobre vosotros solos recaerá la gloria que me hagáis adquirir; dignaos atender mi oración; os suplico que me alcancéis vuestro doble amor.

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