Capítulo 11
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La confianza y el amor
Tramo 7 de 16
Ser vuestra esposa, Jesús mío, ser carmelita, y por mi unión con Vos, la Madre de las almas, todo esto debería bastarme. Sin embargo, siento en mí otras vocaciones; siento vocación de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir... Quisiera ejercer todas la obras más heroicas; me siento con el valor de un cruzado; quisiera morir en un campo de batalla por la defensa de la Iglesia.
¡La vocación de sacerdote! ¡Oh, Dios mío, con qué amor, oh Jesús, os llevaría en mis manos, cuando a mi voz descendiérais a ellas desde el cielo! ¡Con qué amor os daría a las almas! Pero, aunque deseando ser sacerdote, admiro y envidio la humildad de san Francisco de Asís y me siento con la vocación de imitarle, rehusando la sublime dignidad del sacerdocio. ¿Cómo, pues, juntar esos contrastes?
Quisiera iluminar las almas como los profetas y los doctores, quisiera recorrer la tierra predicando vuestro Nombre y plantando, amado mío, en la tierra infiel vuestra gloriosa cruz. Mas no me bastaría una sola misión, pues desearía poder anunciar a un tiempo vuestro evangelio en todas las partes del mundo, hasta en las más lejanas islas. Quisiera ser misionera, no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y continuar - siéndolo hasta la consu-mación de los siglos.
Mas, ¡ay!, sobre todo quisiera el martirio. ¡El martirio! Este ha sido el sueño de mi juventud, sueño que ha crecido conmigo en la celdita del Carmen. Pero ésta es otra de mis locuras; pues no deseo un solo género de suplicio, para satisfacer mis anhelos, necesitaría padecerlos todos...
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.