Capítulo 11
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La confianza y el amor
Tramo 9 de 16
Explica el Apóstol cómo todos los dones más perfectos nada son sin el amor; que la caridad es el camino más excelente para conducirnos seguramente a Dios. ¡Por fin, había encontrado el descanso!
Considerando el cuerpo místico de la Santa Iglesia, no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo, o por mejor decir, quería reconocerme en todos. La Caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos los órganos; comprendí que tenía un corazón y que este corazón estaba abrasado de amor, comprendí que el amor únicamente es el que imprime movimiento a todos los miembros, que si el amor llegase a apagarse, ya no anunciarían los Apóstoles el evangelio, y rehusarían los mártires derramar su sangre. Comprendía que el amor encierra todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, porque es eterno.
Y exclamé en un transporte de alegría delirante: ¡Oh Jesús, Amor mío, al fin he hallado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor! Sí, hallé el lugar que me corresponde en el seno de la Iglesia, lugar, ¡oh Dios mío!, que me habéis señalado Vos mismo: en el corazón de mi Madre la Iglesia, seré el amor... Así lo seré todo; así se realizarán mis ensueños.
Dije que me transportaba una alegría delirante. No, esta expresión no es exacta, porque desde aquel momento, se posesionó más bien de mi ser la paz; la paz tranquila y serena del navegante que divisa el faro indicador del puerto. ¡Oh faro luminoso del Señor! Sé la manera de llegar hasta ti; he hallado el secreto para apropiarme tus llamas.
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