Capítulo 11
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La confianza y el amor
Tramo 15 de 16
¡Oh Verbo, oh Salvador mío! ¡Tú eres el Aguila a quien amo, el Aguila que me atrae; tú eres el que, lanzándote a este destierro, quisiste sufrir y morir a fin de arrebatar todas las almas y sumergirlas hasta el centro de la Santa Trinidad, eterno foco del amor! Tú eres el que, remontando hacia la luz inaccesible, permaneces oculto en nuestro valle de lágrimas bajo la apariencia de cándida hostia, con el solo objeto de alimentarme de tu propia substancia. ¡Oh Jesús, déjame decirte que tu amor raya en locura!... Considerando esta locura, ¿cómo quieres que mi corazón no se lance hacia ti? ¿cómo ha de tener límites mi confianza?
Por ti, lo sé, hicieron también los Santos muchas locuras y grandes cosas, pues eran Aguilas; yo soy demasiado pequeña para obrar grandes cosas y mi locura consiste en pretender que tu amor me acepte como víctima; mi locura es contar con los Angeles y los Santos para volar hasta a ti con tus propias alas, ¡oh Aguila mía adorada! Todo el tiempo que quieras permaneceré con los ojos fijos en ti; quiero que tu divina mirada me fascine, quiero llegara ser presa de tu amor. Tengo la esperanza de que un día te lanzarás sobre mí y llevándome al foco del amor, me sumergirás, por fin, en este abismo abrasador, para convertirme eternamente en su dichosa víctima.
¡Oh, Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia a todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías en colmarla de mayores gracias aún, con tal que confiara por entero en tu infinita misericordia.
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