Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 5

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 1

Letra pequeñaMedianaGrande

Por todo esto me decidí a leer las Sagradas Escrituras, para ver cómo eran. Y me encontré con algo desconocido para los soberbios y no comprensible a los niños: era una verdad que caminaba al principio con modestos pasos, pero que avanzaba levantándose siempre más, alcanzando alturas sublimes, toda ella velada de misterios.

Yo no estaba preparado para entrar en ella, ni dispuesto a doblar la cerviz para ajustarme a sus pasos. En ese mi primer contacto con la Escritura no era posible que sintiera y pensara como pienso y siento ahora; como era inevitable, me pareció indigna en su lenguaje, comparada con la dignidad de Marco Tulio. Mi vanidosa suficiencia no aceptaba aquella simplicidad en la expresión; con el resultado de que mi agudeza no podía penetrar en sus interioridades. Era aquella una verdad que debía crecer con el crecer de los niños, pero yo me negaba resueltamente a ser niño. Hinchado de vanidad me sentía muy grande.

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