Libro IV · Capítulo 11
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 2
2. ¿Por qué en tu descarrío sigues los pasos de tu carne? Es ella la que, convertida, a ti debe seguirte. Lo que por su medio sientes es parcial; tú ignoras cómo sea el todo de que forma parte y sin embargo te deleita. Mas si tu sentido carnal fuese idóneo para conocer el todo; si no hubiera recibido en pena justos límites como parte del universo, bien querrías tú que pasara volando todo cuanto existe para mejor conocer el conjunto; a la manera como mediante un sentido corporal sientes lo que se habla pero no quieres que se detengan las sílabas, sino que vuelen y que vengan otras y así puedas entender lo que te dicen. De este modo son siempre las partes que forman un todo pero no existen al mismo tiempo: mayor deleite causa el todo que no las partes, con tal que puedan todas ser sentidas.
Pero mucho mejor que todo cuanto existe es el que todo lo hizo, nuestro Dios y Señor, que no sucede y a quien nadie puede suceder.
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