Santos Apóstoles · Kindle

Libro IV · Capítulo 14

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 3

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2. Y sin embargo: ¿por qué se alaba a Hierio no como se hace con los aurigas célebres o con los cazadores de fieras famosos y favoritos del pueblo; sino de muy diferente manera, con gravedad, como a mí mismo me hubiera gustado ser alabado? Porque yo he amado y alabado, ciertamente, a los cómicos; pero en manera alguna querría ser ni amado ni alabado como lo son ellos. Prefiero sin género de duda la oscuridad total a este tipo de celebridad y más querría ser odiado que no amado de esa manera. Así como un buen caballo es amado por quien no quiere ser caballo aunque bien lo pudiera, así se ha de pensar del cómico, aunque él es hombre como nosotros. O sea, que amo yo en un hombre lo que de ningún modo querría yo ser, siendo hombre él y yo.

Insondable abismo es el hombre, Señor, cuyos cabellos tú tienes contados, ninguno de los cuales se pierde en ti. Y mucho más fáciles son de contar sus cabellos que no sus afectos y los movimientos de su corazón.

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