Santos Apóstoles · Kindle

Libro V · Capítulo 10

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 3 de 3

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Así, cuando a veces me sentía movido a considerar con seriedad la fe católica me sentía por ella repelido, porque no la conocía yo como realmente es. ¡Oh Dios, cuyas misericordias confieso de corazón! Más piedad veía yo en creerte infinito en todas tus partes que no limitado y terminado por las dimensiones del cuerpo humano; aunque por el mero hecho de poner frente a ti una sustancia mala me veía obligado a pensarte finito, contenido y terminado en una forma humana.

5. Y mejor me parecía pensar que tú no habías creado ningún mal, por cuanto mi ignorancia concebía el mal como algo sustantivo y aún corpóreo; no podía mi mente concebirlo sino a manera de un cuerpo sutil que se difundiera por todos los lugares del espacio. Mejor me parecía esto que no pensar que procediera de ti lo que yo creía que era la naturaleza del mal. Y aun de nuestro salvador, hijo tuyo unigénito pensaba yo que emanaba de tu masa lucidísima y venía a nosotros para salvarnos y no creía de él que una naturaleza tan lúcida no podía nacer de la Virgen María sino mezclándose con la carne y no podía imaginarme semejante mezcla sin una contaminación. Me resistía a creer en un Cristo nacido, por no poder creer en un Cristo manchado por la carne. Tus amigos fieles se reirán de mí con amor y suavidad si llegan a leer estas confesiones. Pero así era yo.

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