Santos Apóstoles · Kindle

Libro VI · Capítulo 2

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

1. Sucedió en una ocasión que mi madre, según la costumbre africana llevó a las tumbas de los santos comida de harina cocida, panes y vino puro. El portero se negó a recibírselos diciendo que el obispo lo tenía prohibido y ella, con humilde obediencia, se plegó a su voluntad y no dejé de admirarme de la facilidad con que renunció a una costumbre que le era cara, en vez de criticar costumbres diferentes. Porque la embriaguez no dominaba su espíritu ni el vino le inspiraba odio a la verdad, como sucede con tantos hombres y mujeres que al cántico de la sobriedad responden con la náusea de los beodos por el vino aguado. Cuando llevaba su cesta con sus manjares rituales para su degustación y distribución, no ponía para sí misma sino un vasito con vino tan diluido como lo pedía su temperante paladar. Y si eran muchas las sepulturas que hubiera que honrar, llevaba y ponía en todas ellas el mismo vasito con el vino no sólo más aguado, sino ya muy tibio para participar con pequeños sorbitos en la comunión con los presentes; pues lo que con ello buscaba no era la satisfacción del gusto, sino la piedad con los demás.

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