Santos Apóstoles · Kindle

Libro VI · Capítulo 11

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 4 de 4

Letra pequeñaMedianaGrande

4. Mientras todas estas razones revolvía yo en mi mente con muchos cambios de viento que empujaban mi corazón de aquí para allá, dejaba pasar el tiempo y difería mi conversión. Dejaba siempre para mañana el vivir en ti y esta dilación no me impedía morir en mí mismo un poco cada día. Deseando la vida feliz, tenía miedo de hallarla en su propia sede y huía de ella mientras la buscaba. Pensaba que sin los abrazos de una mujer sería yo bien miserable pues para nada pensaba, por no haberla experimentado, en la medicina de tu misericordia para sanar la enfermedad de la concupiscencia. Tenía la idea de que la continencia es posible naturalmente para quien tiene fuerza de carácter y yo no tenía la menor conciencia de poseerla. En mi necedad, ignoraba yo que tú habías dicho: Nadie puede ser continente si tú no se lo concedes (Sb 8, 21). Y la continencia me la habrías ciertamente concedido de pulsar yo con gemidos interiores la puerta de tus oídos, arrojando en ti, con sólida fe, todos mis cuidados.

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